Wednesday, December 28, 2005

Crítica enológica callejera o "es lo que hay no mas pos huacho"

Noches tibias de estíohastío. Pero aquí estamos de nuevo, contando los pesos para iniciar la tertulia diaria. Los mercados mundiales estan al alza, en medio oriente se han disparado menos balas, no se cuál es la razón, pero hoy tenemos más cobres que ayer. Dejaremos de lado el Santo Tomás, culpable de muchas caídas y rezongos hogareños, para dejar entrar en nuestra mesa -o en nuestro peldaño- un lujo. Santa Helena. ¿Blanco o tinto?, dice el gordo de la botica. La respuesta es siempre automática, pero algo se mueve en algún sitio de esta galaxia. Blanco por favor. Al pasar por afuera del almacén del Cazuela un aroma frutal estremece el olfato. Melones maduros. En pocos minutos la maquinaria se pone en marcha. Corro hasta la casa, un paquete de azucar, una cuchara.
Por un agujero redondo, tallado con perfección en la parte superior del fruto generoso del valle central, ingresa a chorros gruesos y olorosos el vino. Azucar, revuelvo. Así continúa la rutina por horas. Hemos arrancado a cucharadas el alma del infeliz. No queda mas que su cáscara, pero insistentes, tratamos de devolverle la vida a punta de más vino y azúcar. Nuestro Lázaro verde acaba en el fondo de la quebrada, despreciado. Cerrando un ojo para enfocar mejor la vista intento leer lo que reza la caja en un costado: tradicion familiar... aroma frutal... ideal para mariscos y pescados... Timado una vez mas, desato mi furia de consumidor indefenso contra el techo de una casa cercana a nuestra escalera. Los perros ladran, se encienden luces. Mejor corramos weón.

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