El Código Da Vinci
No se que hacen los italianos metidos en el mundo vertiginoso de la industria electrónica. Me los imagino, de muy mala fuente claro, mucho más calmados, cantando oh sole mio en una góndola o caminando entre las estatuas del renacimiento. La compañía Olivetti siempre me ha sonado un poco, pero no mas digamos que “de nombre”, porque nunca he tenido algun aparato Olivetti (y la lista es larga) en la casa o el trabajo como para intrusear un rato.
La historia es curiosa, un amigo un día desempolvando su baúl de los recuerdos, encontró la cosa más refinadamente inútil que he visto: una PDA Olivetti Da Vinci.
Sin dudarlo ni por un momento me la regaló. Traía una base con la que podía conectarse mediante una puerta serial al PC donde un terrorífico software permitía administrar las funciones de agenda y almacenamiento. Pero aún hay más. ¿Acaso nunca soñaron con escribir con el lápiz magnético directo sobre la pantalla del bicho y que éste reconociera su caligrafía de octavo básico para transformarla en un flamante archivo txt?. La solución de Olivetti al problemilla de la caligrafía fue digna del celebrado Leonardo. En la tapa de la Olivetti Da Vinci se escondía la solución, una especie de alfabeto de la máquina que el usuario tendría que aprender a reproducir a la perfección con el lápiz magnético para que el procesador de texto lo reconociera. Después del chasco y la increíble voracidad con que consumía la pila AAA, Duracell por cierto y nada barata, el triste ejemplar de ese mal intento de de la empresa italiana acabó en deremate.cl por unas criollas diez lucas.
La historia es curiosa, un amigo un día desempolvando su baúl de los recuerdos, encontró la cosa más refinadamente inútil que he visto: una PDA Olivetti Da Vinci.
Sin dudarlo ni por un momento me la regaló. Traía una base con la que podía conectarse mediante una puerta serial al PC donde un terrorífico software permitía administrar las funciones de agenda y almacenamiento. Pero aún hay más. ¿Acaso nunca soñaron con escribir con el lápiz magnético directo sobre la pantalla del bicho y que éste reconociera su caligrafía de octavo básico para transformarla en un flamante archivo txt?. La solución de Olivetti al problemilla de la caligrafía fue digna del celebrado Leonardo. En la tapa de la Olivetti Da Vinci se escondía la solución, una especie de alfabeto de la máquina que el usuario tendría que aprender a reproducir a la perfección con el lápiz magnético para que el procesador de texto lo reconociera. Después del chasco y la increíble voracidad con que consumía la pila AAA, Duracell por cierto y nada barata, el triste ejemplar de ese mal intento de de la empresa italiana acabó en deremate.cl por unas criollas diez lucas.

1 Comments:
La intertextualidad siempre está presente si se busca la originalidad no se es ser humano. Si buscan algo serio no está acá. he dicho mierda!
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